El Padrenuestro

La oración que Jesús enseñó a sus discípulos — nuestro modelo para acercarnos al Padre.

Mateo 6:9–13 (ESV)

“Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre.
Venga tu reino,
hágase tu voluntad,
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
y perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
Y no nos metas en tentación,
sino líbranos del mal.”

Mateo 6:9–13 (ESV)

Septuaginta (LXX) / Nuevo Testamento Griego:

Πάτερ ἡμῶν ὁ ἐν τοῖς οὐρανοῖς,
ἁγιασθήτω τὸ ὄνομά σου·
ἐλθέτω ἡ βασιλεία σου·
γενηθήτω τὸ θέλημά σου,
ὡς ἐν οὐρανῷ καὶ ἐπὶ γῆς·
τὸν ἄρτον ἡμῶν τὸν ἐπιούσιον δὸς ἡμῖν σήμερον·
καὶ ἄφες ἡμῖν τὰ ὀφειλήματα ἡμῶν,
ὡς καὶ ἡμεῖς ἀφίεμεν τοῖς ὀφειλέταις ἡμῶν·
καὶ μὴ εἰσενέγκῃς ἡμᾶς εἰς πειρασμόν,
ἀλλὰ ῥῦσαι ἡμᾶς ἀπὸ τοῦ πονηροῦ.

Reflexión Verso a Verso

“Padre nuestro que estás en los cielos”

Mateo 6:9a

Πάτερ ἡμῶν ὁ ἐν τοῖς οὐρανοῖς

Jesús nos invita a dirigirnos al Creador del universo como Abba — Padre. No es simplemente un tratamiento formal; es el lenguaje de la adopción y la pertenencia. El hebreo Av (Padre) transmite identidad, herencia y relación de pacto. Nos acercamos a Dios no como a un juez distante, sino como hijos amados. El plural “nuestro” nos sitúa de inmediato dentro de la familia de Dios.

“Santificado sea tu nombre”

Mateo 6:9b

ἁγιασθήτω τὸ ὄνομά σου

El hebreo Shem (Nombre) y el griego Onoma (Nombre) conllevan el peso de la identidad, el carácter y la autoridad. Santificar el nombre de Dios es apartarlo como santo — vivir de manera que honre quién es Dios verdaderamente: amor, misericordia, santidad y gracia. Véase Éxodo 20:7 (LXX: οὐ λήμψῃ τὸ ὄνομα Κυρίου τοῦ Θεοῦ σου ἐπὶ ματαίῳ).

“Venga tu reino, hágase tu voluntad”

Mateo 6:10

ἐλθέτω ἡ βασιλεία σου· γενηθήτω τὸ θέλημά σου

Esta petición entrega nuestra agenda a la de Dios. El reino de Dios no es una escapatoria futura — es el reinado de Dios irrumpiendo en el presente. «En la tierra como en el cielo» es un llamado a la participación: oramos por y trabajamos hacia el alineamiento de este mundo con los propósitos de justicia, paz y reconciliación de Dios.

“Danos hoy nuestro pan de cada día”

Mateo 6:11

τὸν ἄρτον ἡμῶν τὸν ἐπιούσιον δὸς ἡμῖν σήμερον

La palabra griega ἐπιούσιον (epiousios) es poco frecuente y muy debatida — puede significar «para este día», «para mañana» o incluso «sobrenatural». En cualquiera de sus lecturas, esta petición es un acto de dependencia diaria. Evoca el maná en el desierto (Éxodo 16) — Dios provee lo suficiente, día a día. No somos autosuficientes; somos sustentados por Él.

“Perdónanos nuestras deudas”

Mateo 6:12

ἄφες ἡμῖν τὰ ὀφειλήματα ἡμῶν

La palabra ὀφειλήματα (deudas/transgresiones) reconoce el peso moral del pecado. El perdón aquí no es meramente legal — es restauración relacional. De manera decisiva, nuestra recepción del perdón está vinculada a nuestra disposición de extenderlo. No se trata de ganarse el perdón, sino de la evidencia de que verdaderamente lo hemos recibido. La gracia recibida fluye hacia afuera.

“No nos metas en tentación, sino líbranos del mal”

Mateo 6:13

μὴ εἰσενέγκῃς ἡμᾶς εἰς πειρασμόν, ἀλλὰ ῥῦσαι ἡμᾶς ἀπὸ τοῦ πονηροῦ

Esta petición final es un clamor por la protección divina. Reconoce nuestra vulnerabilidad y el poder de Dios. El griego πονηροῦ puede referirse al mal en general o al Maligno en particular. De cualquier modo, no luchamos solos. Dios es nuestro libertador — Aquel que rescató a Israel de Egipto (LXX: ῥύσασθαί με, Salmo 6:4) y que aún hoy nos rescata.

Contexto y Trasfondo Histórico

El Padrenuestro aparece en dos formas en el Nuevo Testamento: la versión más completa en Mateo 6:9–13 (dentro del Sermón del Monte) y una versión más breve en Lucas 11:2–4 (dada en respuesta a la petición de los discípulos: «Señor, enséñanos a orar»).

Jesús dio esta oración como un modelo, no como un guion rígido. La comunidad arameoparlante en la que Jesús enseñaba habría entendido esto como un esquema estructurado para la oración: alabanza, entrega, petición, perdón y protección.

La Didaché (c. 80–120 d. C.), uno de los documentos cristianos más antiguos, instruyó a los creyentes a orar esta oración tres veces al día, y añadió la doxología: «Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por siempre. Amén.» Si bien esta doxología no se encuentra en los manuscritos griegos más antiguos, se convirtió en parte central de la liturgia cristiana en todo el mundo.

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